"PARA QUE COMARCAS PARA LOS INDIOS SI ELLOS NO TRABAJAN"
COMARCA KUNA YALA, 1993
AIBAN WAGUA
"Si soy dueño de esta tierra, si mis padres han sido los primeros en escuchar el canto de las aves
sobre esta Abia Yala, ¿cómo un extranjero, que vino a robar esta tierra nuestra, me va a decir que
aquí y con esos limites debo vivir?. Soy yo, somos nosotros quienes debemos decir dónde
queremos vivir", -nos decia el argar kuna Olonaidiginia en una sesión de nuestro congreso kuna.
Este es el grito de la conciencia indigena, que golpea cada vez con más fuerza, con nuevos
métodos y mayor claridad no sólo en Panamá, sino a nivel de Abia Yala. Los acontecimientos
que protagonizamos los indígenas con relación a la tierra y que hoy parecen sacudir con
acentuado "salvajismo", llevan la marca inconfundible de esa conciencia.
Los gobemantes tienen los oídos demasiado pegados a las IFIS, lo que les incapacita para
percibirla, y prefieren, entonces, despreciarla como flechazos salvajes. En este sentido, el
analfabetismo de los gobiernos a lo largo de América i atina, con respecto a las raices del
Continente, es extremadamente enfermizo. "Los presidentes venden muy rápido y muy barato a
la patria, -dirá un saila kuna-, porque no saben quiénes son sus abuelos ni cómo obtuvieron esta
tierra". Y ninguna democracia es factible sobre tanta ignorancia agresiva, con respecto a las
raices que subyacen como alternativas no sólamente juridicas, sino de convivencia humana.
Las autoridades gubernamentales aún se preguntan, ¿por qué comarca, por qué tierra, por qué reserva para los indios, si ellos deben integrarse, si las comarcas
son jardines de miseria?. Es como si nos preguntáramos ¿por
qué
el canal para los panameños, si los panameños son ciudadanos del
mundo y el canal es un pro mundi beneficio? Desafortunadamente, nuestras autoridades
nacionales están muy lejos de tener idea de lo que supone una Comarca,
un Territorio, una Reserva para un Pueblo o, mejor, de un Pueblo. Y nos
hablan, con una espontaneidad que asusta, de integrar a los indígenas,
y ponen a la marginación, a la pobreza, como consecuencias de la falta
de integración. Quisiéramos responderles desde nuestra postura
indígena. Tenemos que empezar por preguntarles a que integración
se refieren ellos. ¿A qué sistema deberíamos
integrarnos
los indígenas? ¿A propósito de qué?
¿Para que
nos sujetemos al proyecto nacional de la clase dominante, que margina la
mayoría ciudadana...?
Y si nos hablan de una integración económica, los indí
genas panameños tenemos sobradas razones para afirmar que el gobierno
actual, al igual que los anteriores, no se ha preocupado en lo más
mínimo por afrontar esa "integración", sino sólo por ir
dándonos pequeños paliativos, como valium para adormecernos. Los
kunas, por más de veinticinco años -que el gobierno de justicia
revise sus archivos- venimos exigiendo que abran los puestos de venta en los
mercados panameños para nuestros cocos. Aproximadamente 25 millones de
cocos anuales producimos en la Comarca y Panamá no compra ni un solo
coco kuna. Los emberás están desesperados viendo podrirse sus
plátanos que no encuentren salida y los regalan hasta B/1.00 el ciento;
mientras que los kunas estamos comprando a B/8.00 el ciento a los colombianos,
porque nuestras tierras no son tan buenas para el plátano. Los gn&oulm;bes
producen café y ¿a qué intermediarios se ven forzados
a
arrimarse y qué apoyo gubernamental reciben?
El gobierno sigue sordo, hablando de integrar a los indios, como si se
tratara de meter en un establo a vacas negras junto a las pintas. Pero en
realidad, lo que prefiere es que los kunas sigamos con un "contrabando legalizado"
con Colombia (únicamente las canoas colombianas nos compran los cocos),
sometiéndonos al capricho de los canoeros colombianos y a sus vaivenes
económicos y clandestinaje. Téngase en cuenta que toda la canasta
básica, lo elemental para nuestra subsistencia, no nos llega de Panamá,
sino de Colombia. Las pequeñas canoas colombianas son las que nos
suministran el arroz, el azúcar, el café... y, según
la ley panameña, es de "contrabando". Si algún día tenemos
un envenenamiento masivo por esos productos, ¿qué ley nos
protege?
Entonces, ¿ qué integración se refieren los gobernantes:
a que los kunas dejemos de ser kunas, los emberás vendan sus tierras y
dejen de ser emberás, y los ng&oulm;bes dejen de exigir la Comarca,
para que los terratenientes, los hacendados, los depredadores de las selvas,
los mineros "roben legalmente" las tierras ng&oulm;bes y desalojen a sus
verdaderos dueños y los presionen a mendigar por las calles de David?
El indígena nunca va a poder pagar a un abogado para sacar el
título de propiedad a su terroncito y eso lo saben muy bien los
gobernantes.
A través de la historia, los indígenas no sólo
hemos sido marginados y olvidados, sino buscados conscientemente para acabarnos,
sojuzgarnos, someternos. Y cada vez que nos defendemos, la sociedad dominante
grita que somos salvajes, y ya el término salvaje, cuando se refieren
a nosotros los indígenas, no dice otra cosa más que la defensa
del agredido. Y el insulto ya no nos lo profieren sólo los de "la baja
cultura de la calle", sino los mismos ministros del gobierno.
Las posturas más sentidas del actual gobierno y sus debates en torno a la práctica
del indigenismo integracionista, y su oposición a la demarcación de los territorios indígenas,
(desde algunas declaraciones oficiales) no se refieren a la integración de los pueblos indígenas en el
"territorio nacional" con sus derechos históricos y sus culturas específicas respetados; sino que
conlleva la muerte de esos derechos, la eliminación de las originalidades, la asimilación total.
El sistema integracionista y sus métodos de muerte, totalmente anacrónicos e intolerables,
que nuestras autoridades parecen querer acentuarlo en contra de nuestras comunidades indígenas, empezó
a implantarse desde que Colón pisó las tierras indígenas. Es el odio a la existencia de pueblos
diferentes y no ha traído más que miseria, marginación, ignorancia, muerte. Por lo tanto no son
las comarcas indígenas ni las reservas las que marginan, destruyen, desnutren, matan a los indígenas.
Esos son efectos directos de tantos y tan sofisticados métodos de integración compulsiva a que han
querido someter a nuestros pueblos indígenas. Es la siembra de la sociedad dominante que se cree modelo y
único y pone a toda otra manifestación social diferente como su apéndice. El sistema
integracionista, que no permitió la presencia de otros pueblos, fue el qu eliminó en pocos años
a 75 millones de abuelos nuestros a lo largo de Abla Yala. Y en Panamá nunca se ha manejado otro tipo de
indigenismo más que el integracionista y, del peor calibre, con relación a los indígenas. Y que
lean un poco las motivaciones, los objetivos de la Política indigenista, del sistema educativo actual, de los
textos escolares...
Desde la utilizaci&oaucte;n de las misiones católicas, a través de las escuelas, hasta las leyes
más tiernas, que han salido de los gobiernos panameños, no se ha pretendido otra cosa que integrar al
indioa un sistema que ni siquiera es nacional. Diaz Polanco dirá que "el indigenismo integracionista resulta
una versión más elaborada de la vieja y tradicional política asimilacionista que ha implementado
el sistema capitalista. Así, el postulado de la integración, bajo el respeto de las singularidades
indígenas, se reduce a sus verdaderos términos: disolución, a secas, de los pueblos
indígenas"(1). Vamos a tomar algunas fechas que dicen
mucho de ese odio a las singularidades indígenas y las respuestas que han ido dando nuestros abuelos
a los atropellos. Tomamos el caso kuna. Vamos a partir desde la invasión española:
-1598
Una expedici&oaucte;n de colonización parte de Santa Fe de Antioquia. Cerca de doscientas personas.
La empresa fracasa al cabo de dos años a causa de la "hostilidad" de los indios (2).
-1617
Cansados de tantas vejaciones, se sublevan los indígenas entre
el Chepo y Puerto Pinos
(3).
-1621
Francisco de Maldonado y Saavedra organiza en España una expedición de pioneros para el Darién.
Más de cuatrocientas personas parten de Sanlúcar a las cuales vienen añadidas otras tantas en
Cartagena de Indias. Se desembarcan en el Golfo de Urabá, poco tiempo después sólo 115
sobrevivientes llegan a Tolú: una organización defectuosa y disidencias entre los jefes de la
expedición convierten a los ilusionados en presa fácil de los indígenas (4).
-1680
Los indígenas, aliados con los bucaneros, guían la guarnición, se apoderan de Santa
María la Antigua (tierra de Cémaco). En número, los españoles ciertamente muy superiores,
pero la presencia indígena es decisiva y, por lo demás, conocedores profundos de las armas y
tácticas españolas. Ante la avalancha, viene cerrada la Mina de Cana en 1685
(5). Los españoles se ven precisados a firmar
un tratado de paz y de alianza con los indígenas del Darién. La
alianza será espúrea debido a una larga cadena de experiencias
de atropellos anteriores, y, a fines del siglo XVII, los indígenas
se enemistan nuevamente con los españoles.
-1685
El Consejo de Guerra se reún en Madrid. Se estudia la reducción
de los indígenas (Darién), para que no ayuden a piratas: su
destierro a otras partes de América o su exterminio. El Consejo recomienda
la conquista de Darién por una armada española, el exterminio y
el poblamiento nuevo (6).
-1702
Juan Rash se desembarca en las islas de San Blas con los filibusteros ingleses
y guiados por los indígenas penetran hasta la ciudad de Santa Cruz de Cana. Ocupan
las Minas de oro (7).
-1719
Los indígenas se alzan nuevamente contra los españoles y
destruyen los puestos de la misión. Parece ser en Madungandi y Aglaseikua
(8).
-1725-56
Otra "rebelión" indígena contra España. Las Minas de
oro de Cana son abandonadas. Los indígenas eran guiados por Luis García,
un mestizo (9).
-1728
El "presidente de Panamá Don Manuel de Alderete emprende la conquista
a raíz del levantamiento de los indígenas contra Cana y Santa
María. La empresa se malogra con un costo de cien mil pesos
(10).
-1739
Se proyecta un nuevo exterminio de los cunacunas (kunas) (11).
El proyecto prevee el empleo de los indios enemistados con los
cunacunas, blancos, mestizos y mulatos. Una vez reducidos, los kunas debían
ser transportados a Cuba y Santo Domingo para las excavaciones de cobre
(12).
-1741
Los españoles concluyen un tratado de paz con los kunas. En el tratado
vienen incluídas 67 familias franco-kunas que vivían allí (13).
-1757
Cansados de tantos engaños, los kunas se alzan contra los franceses
que son masacrados incluyendo algunas familias mestizas
(14).
-1775
Hay un levantamiento de indígenas en el Alto Bayano. Tres años
más tarde el levantamiento toma nuevo vigor dirigido por el kuna
Bernardo Estola y apoyado por los ingleses (15).
-1784-92
Acciones militares conjuntas de los ejércitos de Panamá y
de Cartagena debían limpiar el terreno de los indios y permitir la
instalación de colonizadores venidos de Cartagena y Lorica. La empresa
se convierte en una larga guerra de guerrillas que hacen más de un millar
de muertos, doscientos inválidos y cuesta más de cinco millones
de pesos, sin ningún resultado (16).
Entre estas fechas aparece otro de los documentos de pacificación
de los indios "Proyecto de Pacificación de la Provincia de Darién"
(17).
-1790
Se celebra otro tratado de paz entre los españoles y el cacique de los
indígenas (18).
-1800
Se habla de abrir el canal interoceánico por Caledonia (Coetupu)
y Sogubdi, por lo tanto, por el territorio de los kunas, aprovechando el
río Tuira (19).
-1847
Nace un nueva idea de posibilidad de Canal entre el Chepo y Carti. Fue
abandonada la idea a causa de cordilleras elevadas (20).
-1850-80
Se comenta sobre el canal desde la bahía de Caledonia (Coetupu)
hasta el Golfo de San Miguel. De nuevo por la tierra de los kunas (21).
-1903
Panamá se separa de la Gran Colombia. Se rompe la unidad territorial
kuna. Quedan divididos: unos en Caimán Nuevo (Colombia), otros en
la Comarca Kuna Yala (Panamá).
-1906
El presidente de Panamá Amador Guerrero pide a Carlos Robinson un
grupo de niños kunas para civilizarlos en la ciudad. El 27 de octubre
del mismo año salen 17 niños kunas para "civilizarse en la
metrópoli". Con ellos se inaugura en la ciudad la "Escuela de Indígenas".
"Una escuela de indígenas para atraer a los naturales de San Blas a la
civilización y por medio de ellos procurar estos mismos servicios a
los habitantes de toda es región inexplorada y bárbara" (22).
-1908
Se dicta la Ley 59 de 1908 sobre la civilización de los indígenas:
"El Poder Ejecutivo procurará por todos los medios pacíficos
posibles la reducción a la vida civilizada de las tribus salvajes
indígenas que existen en el país" (23).
-1915
Se erige la isla de el Porvenir como la "Intendencia" de San Blas, actual Kuna Yala.
-1925
Los kunas cansados de tantos atropellos, de tantas técnicas
violentas de integración... se levantan en armas y se hacen
respetar.
-1953
Se dicta la Ley 16. Ley totalmente integracionista y militar. Da
poderes plenos al jefe militar para integrar a los kunas al sistema
dominante: "La autoridad administrativa superior de la Comarca la
ejerce el Intendente..." (art.3. Ver las atribuciones del Intendente
y el papel de las autoridades tradicionales que vienen a ser empleados
de la intendencia: art.6, art.10ss).
Desde luego, estas cápsulas históricas no son nada
exhaustivas, llenaríamos muchas hojas. Y es una pequeña
muestra del caso kuna. Los ngöbes, emberás, nasos, tienen
otras tantas, tan ingratas como esas. Y ¿qué es lo que
nos manifiestan esos proyectos de muerte? Que el sistema integracionista,
que parece defender el actual gobierno, no es más que una inhumana
pretensión de acabar con otros pueblos y que, a través
de la historia, no ha dado ningún resultado positivo más
que de muerte, marginación, racismo, discriminación laboral,
desprecio..., por lo tanto, en un estado democrático, no debía
ni siquiera salir de la boca de una autoridad que se deje respetar. Y
a estas tácticas se las conoce como: genocidio, etnocidio y, como
lo suele llamar Eduardo Galeano, otrocidio.
Por eso, el mismo Galeano, afirma con mucha lucidez: "Los indios
de las Américas, víctimas del más gigantesco despojo
de la historia universal, siguen sufriendo la usurpación de los
últimos restos de sus tierras, y siguen condenados a la negación
de su identidad diferente. Para ellos, la conquista continúa.
Se les sigue prohibiendo vivir a su modo y manera, se les sigue negando
el derecho de ser. Al principio, el saqueo y el otrocidio fueron ejecutados
en nombre de Dios de los cielos. Ahora se cumplen en nombre de Dios del
progreso" (24) y de
la falsa integridad nacional.
Nuestros padres entienden a la Madre Tierra como la madre que nos
acoge y envuelve y humaniza. La vida de nuestros pueblos indígenas
se refleja en la fuerza de la misma tierra. El futuro de nuestros
pueblos indígenas, su utopía, su proyecto de vida se enmarcan
desde la maternidad de la tierra, desde el cuidado colectivo de la tierra, desde
la sacralidad de la tierra. Por eso, cuando se les niega el derecho
a tener la Comarca o Reserva o Territorio, no se les niega sólamente
la fuente de sus alimentos, sino la misma fuente de su ser, de su identidad,
de su historia, de su religión, de su derecho inalienable de
ser pueblo kuna, pueblo emberá, pueblo ngöbe... La tierra
como madre enmarca todo aquello que da al hombre su razón y
su posibilidad de ser persona, y no sólo le posibilita la alimentación.
Según esta concepción de nuestros pueblos, la perfección
del hombre, consecuentemente de un pueblo, sólamente se da con la
vitalidad que posee la Madre Tierra y ella también abre el camino
al alma después de la muerte. Y de ahí nos nace a los
indígenas el trato filial a la misma tierra, a la selva, y un
trato fraterno a los hijos de esa Madre: los árboles, los animales...
Nuestros padres no pueden arrasar y destruir la selva, porque sólamente
en el equilibrio con la tierra vamos a encontrar nuestro equilibrio
como pueblo. Los campesinos indígenas no pueden trabajar
en una sola finca hasta cansarla, ella "necesita descansar" para luego
rendir con mucho más impulso. "La selva es nuestra gran
nevera, nuestra gran ferretería, nuestro gran mercado. Cuando tenemos
hambre, sacamos de ahí la carne fresca; cuando no tenemos casa,
buscamos nuestros clavos, nuestros techos; cuando nos enfermamos,
recurrimos a sus raíces, a sus hojas. Por lo tanto tenemos que
custodiar nuestra nevera, defender nuestra farmacia, nuestra ferretería.
Así como al uaga no le gustaría que se llevarán
su refrigerador, porque tiene guardados ahí los alimentos para
su familia, así tampoco nosotros podemos permitir que nos
vengan a robar nuestra nevera, nuestra farmacia, nuestro mercado", -comentaba
sabiamente al argar Inatugsipiler en una sesión de nuestro
Congreso General Kuna.
Y a eso el uaga, que sólamente mide su vida desde el tener
dinero, llama "flojera del indio". Hasta nuestros gobernantes comentan
desde su agresiva ignorancia: "por qué quieren tanta tierra los
indios, si no la trabajan". Que vayan a cerciorarse de la calidad
de tierras de los ngöbes, que tienen que estar sembrando entre
rocas para poder resistir a la muerte, mientras en las mejores tierran
pastan las vacas de los ricos.
Nuestros pueblos saben con mucha profundidad que esa Madre
fue violada y que nos la siguen saqueando hoy, violenta o solapadademente.
Por lo tanto no puede quedar en otras manos la decisión de
por dónde tienen que pasar los límites de nuestros
territorios. Y ante este convencimiento, las autoridades de turno nos
muestran las constituciones, y nos someten a infinidad de requisitos
e intereses personales. Pero resulta que nuestros pueblos indígenas,
con sus normas peculiares de vida, de ser y estar en el cosmos, de relacionarse y
convivir sobre, con y en la Madre Tierra, son muy anteriores al mismo
nacimiento de los Estados Latinoamericanos. Panamá, como estado
independiente, sólo tiene 90 años. Y nuestros pueblos
indígenas ubicados en tierras bien determinadas, con sus estructuras
socio-políticas, religiosas, económicas, ¿desde
cuándo vienen escribiendo a la historia, permeando nuestras vidas?.
¿O es que, de tanta ignorancia, creen que los pueblos indígenas
surgieron con la independencia de Panamá? Consequentemente, desde
los derechos de los Pueblos, se debía má bien hablar de la
"inconstitucionalidad de las constituciones". Además, las constituciones
latinoamericanas, en su mayor parte, han nacido no s&ocute;lamente a
espaldas de los pueblos indígenas, sino con la pretensión
de acabar con ellos, sojuzgándolos. Esta injusticia es cada
vez más meridiana en el proceso de liberación que estamos
emprendiendo desde hace quinientos años a nivel continental.
Nuestra conciencia de Pueblos Indígenas, en relación
con la Madre Tierra, es de hijos que defienden a su madre y no de
propietarios que quieren sacar más dinero de ella; se contrapone
a aquella que vive sobre ella, se sirve de ella y la puede vender al
mejor postor cuando quiera, porque de ella no recibe ni su historia,
ni su identidad, ni mucho menos su ser en y con el mundo. El amor y el
derecho de poseer la tierra de nuestros pueblos indígenas, -que
lleva como consecuencia las exigencias de demarcaciones legales de la
misma por la amenaza satánica de los acaparadores-, y los proyectos
de ley nacidos de nuestros Congresos Generales no pueden ser captados
sólamente por la vía fácil de constitucionalismos
o anticonstitucionalismos.
Las normas llamadas consuetudinarias de los pueblos indígenas
no son entendibles sólo desde lo meramente jurídico. Son
normas de vida de nuestros pueblos que demandan una comprensión
global de relaciones que se dan entre el hombre y la naturaleza, entre
el poseer la materia y el equilibrio de la vida, entre el pasado que
se vive en la comunidad con proyección hacia el futuro y la
fuerza del presente, y todo eso mirado desde las estructuras religiosas
que les dan su peso totalizador. Ubicar a esas normas de vida
únicamente en un cuadro jurídico es caricaturarlas. Por
lo tanto se trata de preferencias sensibleras hacia los pueblos
indígenas, se trata de un reconocimiento justo, práctico
y legal de los territorios ocupados por sus mismos dueños, y
se trata igualmente de un reconocimiento de las estructuras nacionales,
se trata de la "realización" democrática de los estados.
"La Nación única y unificada, vale decir, la nación
puramente geopolítica, confundida en términos absolutos
con el Estado, apunta a la eliminación de las diversidades. La
nación indiana apunta no sólo a la conservación,
sino además, a la reproducción de las diversidades,
como condición esencial de la vida democrática" (25).
"No podemos estar partiendo el territorio
nacional en pequeñas parcelas", afirman las autoridades de
turno ante las exigencias de las comarcas indígenas. Aquí
no hace falta más que una breve lectura de la introducción
de la historia latinoamericana o panameña para aclararnos. Los
pueblos indígenas no han dividido el territorio indio llamado
nacional. La invasión europea, primero, los nietos de los
europeos junto con los criollos, en la época de la colonia,
y, ahora, los terratenientes, los depredadores de la selva, la clase
dominante son los que han partido y repartido a Abia Yala, consecuentemente
a Panamá. Si los indígenas estamos reclamando, por justicia,
lo mínimo de lo que nos queda de tanto que nos han robado, es
porque se han repartido ya casi todo el botín y nos quieren
condenar a la extinción.
Sin una fuerza legal que ampare nuestra tierra colectiva, donde
poder vivir nuestras culturas, los terratenientes, los hacendados, los
colonos, los madereros, los explotadores, clandestinos o legales,
de oro van a seguir destruyendo nuestros bosques. Y ¿dónde
están, pues, los que verdaderamente dividen la tierra india,
llamada nacional?
Los indígenas no podemos ni debemos permitir que las
pocas tierras que nos quedan, de tanto acaparamiento y saqueo, nos las
sigan quitando más. Porque no sólo se trata de la muerte
de nuestros sembrados, de la destrucción de nuestros bosques,
de la contaminación de nuestros ríos, sino que se
trata de algo mucho más grave: de nuestra muerte física
y espiritual como pueblos, de la muerte de nuestras religiones, de
nuestras culturas, de nuestro derecho fundamental de ser como queremos
sobre esta tierra. Las relaciones que se dan entre tierra, cultura,
religión, identidad, historia en la concepción y vivencia
de nuestros pueblos indígenas están tan inseparablemente
unidas, que quitarle un elemento implica matar los otros. Por eso, nuestro
grito es fuerte, porque nadie quiere morir en vida.
Todo esto debería conllevar, por fuerza, una revisión
urgente de las constituciones de los estados nacionales a nivel de
Abia Yala, y desembocar en la pluriculturalidad y multinacionalidad de
los estados, si no quieren seguir con la historia de genocidio, de
otrocidio, de antidemocratismo.
(1) H. Diaz Polanco, La cuestión étnico-nacional.
Ed. Linea. Méjico, 1985. pp.44.
[Continuar con el Texto]
(2) S. de Santa Teresa, Historia Documentada de la
Iglesia de Urabá y el Darién., T.IV, Bogotá, 1957. pp.13-14.
O. Jaén Suarez, La Población del Istmo de Panamá (Del siglo
XVI al siglo XX), Panamá, INAC, 1978. pp.80.
[Continuar con el Texto]
(3) E.J.Castillero y E.J.Arce, Historia de Panamá, Buenos
Aires, 1948. pp.51.
[Continuar con el Texto]
(4) P. Simón, Noticias Historiales de las Conquistas de
Tierra Firme en la Indias Occidentales., Bogotá, 1882. 3a. parte, Noticia VII. Cap. LIX-LXII.
O. Jaén Suarez (1978), oc.cit. p.80.
[Continuar con el Texto]
(5) F.R.G.S. Cullen, Isthmus of Darien Ship Canal; with a full
History of the Scotch Colony of Darien, several maps, views of the country, and original
documents., London, Effingham Wilson Publisher, 1853. pp.46 47.
F. Peréz, Jeografía física i politica del Estado de Panamá.
Escrita de orden del Gobierno Jeneral, Bogotá, Imp. de la Nación, 1862. p.67.
V. Restrepo, (Traducidos y anotados por), Viajes de Lionel Wafer al
Istmo del Darién, Bogotá, Imp. de Silvestre y Compañia, 1888. p.100.
[Continuar con el Texto]
(6) O.Jaén Suarez, op.cit. (1978), p.79
[Continuar con el Texto]
(7) V. Restrepo op.cit (1888), p. 107. E. Nordensklöld, An
Historical and Ethnological Survey of the Cuna Indians., Göteborgs Museum, 1938. p.4
lo hace coincidir al añ 1712.
[Continuar con el Texto]
(8) E. Yorke Bell, The Republic of Panama and its people, with special
reference to the Indians., Smithsonian Report, 1909. p.614. E. Pérez, op.cit. p.68
[Continuar con el Texto]
(9) V. Restrepo, op.cit. p.110. L. Wafer, A new voyage and description
of the Isthmus of America. Surgeon on Buccaneering Expedition in Darien, the West Indies
and the Pacific from 1680., Oxford, The Hakluyt Society, MCMXXXIV. Ed. L.E. Elliot Joice. p.160.
[Continuar con el Texto]
(10) H. Wassen, Anonymous Spanish Manuscript from 1739 on the Province
Darien, Göteborg, Etnologiska Studier, 1940. p.89.
[Continuar con el Texto]
(11) Documento manuscrito B.2717, Darien, Dictamen para el buen exito
quepodría tener la Pazificación, o Conquista delos indios cunacunas de la Provincia
del Darien. Documento manuscrito, 1739. Folio 3. Catalogado N.2717 en los Anales del Museo
Etnográfico de Gotemburgo, Suecia. 20 folios.
[Continuar con el Texto]
(12) Ibid. folio 15.
[Continuar con el Texto]
(13) L.Wafer, op.cit. p.169. E. Nordensklöld, Cuna
Indian Religion, en "Proceedings of the Twenty-Third International Congress of
Americanists", USA., September, 1928. p.668.
[Continuar con el Texto]
(14) E. Nordensklöld (1928), op.cit. p.668. L.S. de
Smidt Among the San Blas Indians of Panama, giving a description of their
manners, customs and beliefs, New York, Troy, 1948. p.32. O.Jaén Suarez, (1978)
op.cit. p.82, éste autor, siguiendo las anotaciones de Antonio Arévalo
mantiene que fue en le año 1754.
[Continuar con el Texto]
(15) E.J. Castillero R. E.J. Arce, op.cit. p.68
[Continuar con el Texto]
(16) O. Jaén Suarez (1978), op.cit. pp.82-83.
[Continuar con el Texto]
(17) J. Jimenez Donoso, Proyecto de Pacificación
para la Provincia de Darién. Documento manuscrito, 1787. Del manuscrito No.
5-2-11-1. Servicio Histórico Militar, Alcalá 9, Madrid.
[Continuar con el Texto]
(18) F. Pérez, op.cit. p.69
[Continuar con el Texto]
(19) A. Airiau, Canal Interocéanique par L'Isthme du
Darien, Nouvelle Grenade., Paris, Chez France, 1860. pp.60
[Continuar con el Texto]
(20) Ibid. p.60.
[Continuar con el Texto]
(21) L.S. Smidt, op.cit. p.32
[Continuar con el Texto]
(22) M.M. Puig, Los indios cunas de San Blas, Panamá,
ed. El independiente, 1948. p.173. R. Falla, Articulación del Archipiélago
Kuna a la Nación Panameña (1903-1930). Panamá, 1975. p.4.
[Continuar con el Texto]
(23) Código Administrativo, ed.oficial., 1916. p.418. En su
parte: Libro Cuarto (asuntos varios). Título Primero.
[Continuar con el Texto]
(24) E. Galeano, "El otrocidio o matar al otro", en Boletín
IWGIA, No.3, 1992. Lo reporta Drü, No.32, 1993.
[Continuar con el Texto]
(25) F. Mires, "Nación e Indianidad": los movimientos sociales
indígenas y la cuestión nacional en América Latina, en ALAI, agosto 1992.
Separata. p.iv.
[Continuar con el Texto]
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